Glorificar a Dios

Serafín Alarcón

-Mateo 25.3435

Porque tuve hambre, y ustedes me dieron de comer; tuve sed, y me dieron de beber; fui forastero, y me dieron alojamiento…

Al terminar el culto de Acción de Gracias, La pastora de mi iglesia nos invitó a compartir unos con otros. Inmediatamente, fui a la parte superior a saludar a los hermano allí reunidos. Mi hijo Diego y mi hija Clarimar corrieron a jugar con otros niños mientras mi esposa permanecía a mi lado saludando a todos. Noté a una Señora y a un niño sentados quietamente en un banco. Mientras hablaba con varios amigos, de vez en cuando mis ojos se posaban en la mujer y el niño. Estaban sentados solos y no hablaban con nadie. Llevo ya varios años en este pueblo. Me pregunté cómo se sentirá un niño al estar en un lugar nuevo sin amigos. Como se sentirá una mujer sola en un ambiente tal vez desconocido. El niño tiró de la falda su madre y la llevó hacia la salida. Echando un vistazo alrededor una vez más, ella se dispuso a salir. No pude soportar más la inquietud de Dios en mi corazón. Así que me acerqué a ella, decidido no sólo a hablarle por unos minutos, sino a invitarles a comer y a compartir con otros hermanos. Tengo amigos, familiares y hermanos en la iglesia con quienes comparto el amor de Jesucristo y me siento muy feliz de formar parte de esta comunidad de fe. Estoy convencido que cuando invitamos a otras personas a nuestro círculo de amistades, le extendemos el amor de Dios. Al hacer eso, bendecimos al prójimo y seguro glorificamos a Dios.

Tablitas del Señor

EL PODER DE LA FE

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