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El perdón
Serafín Alarcón

Perdonar requiere que de nuestros corazones sean extirpados todos los pesares y raíces de amargura que por mucho tiempo se han ido acumulando. Pensamientos de rencor y amargos cargos de conciencia que van trepándose casi imparables… Y digo, ¿podrá alguien caminar con ligereza por la vida si el deseo de venganza y aun el odio permean? Por eso amados, pienso que si no comenzamos hoy a ejercitar el alma con perdón genuino de la mano de Dios sin duda se convertirá nuestra existencia cada día mas difícil. Perdonar es como cuando sana una herida, al principio su dolor es agudo, su herida abierta pretende desangrar toda nuestra fe. Mas, una vez ha cicatrizado se hace más fácil la total recuperación. El perdón es la medicina, el amor de Cristo en nuestras vidas es el antídoto para cualquier enfermedad del alma y el espíritu. En verdad, cuando perdonamos se sanan todas las heridas.

Por supuesto, la cura y la rapidez con que se efectúa dependerá de nosotros… Nuestra disposición a ser sanados ayudará en el proceso. Así también lo quiere Dios, Él desea que nuestro perdón no se dilate, que de inmediato se tomen las medidas necesarias. Cristo nos exhorta a que perdonemos nuestro prójimo como él hace con nosotros. Desde ese preciso momento en donde genuinamente nos decidimos a perdonar se hace vigente y efectiva la sanación.

Recordemos el caso de José en el Antiguo Testamento. Le tomo algún tiempo en perdonar a sus hermanos y ese proceso no fue cómodo y agradable. Literalmente le parió del alma aquel grito de perdón cuando ya no pudo más… Es menester, desde el primer momento de la ofensa: «Estoy dispuesto a perdonar, aunque me tome algún tiempo».

El perdón no depende necesariamente de la actitud del que nos ofende. Es decir, no debemos esperar que se solicite el perdón para entonces otorgarlo. Es deber nuestro darlo sin esperar nada a cambio, ese es el genuino perdón. Puedo perdonar sin hacer demasiado ruido y sin pompas, en lo intimo del corazón, secretamente y sin que la otra parte se entere.

Como olvidar las palabras del maestro cuando desde la cruz susurró: Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen…

Romanos 12:9-21dice:
9 El amor sea sin fingimiento. Aborreced lo malo, seguid lo bueno.
10 Amaos los unos a los otros con amor fraternal; en cuanto a honra, prefiriéndoos los unos a los otros.

PRIMERA IGLESIA VIRTUAL

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