*Bajo el cuidado de Dios*
*Bajo el cuidado de Dios*
Filipenses 4:6-7
6 Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. 7 Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.
Hace unos años yo era Amigo Consejero de un confinado del Sistema de Corrección de mi país. Entre mis funciones estaba visitarle periódicamente. Cuando le veía hablábamos de todo y por supuesto, de su relación con Dios. En una de esas visitas mi amigo me comentó que se había unido a una clase bíblica solo por curiosidad. Me decía que sin darse cuenta aquella había sido la mejor decisión que había tomado en mucho tiempo. Al principio me dijo no sentirse cómodo, pero con el tiempo fue entendiendo mejor lo que allí se les enseñaba. En fin, me dijo que existía un ambiente de camaradería entre todos los confinados. A medida que su comprensión de la Biblia aumentó, entendió mejor el significado de la Palabra de Dios y de su importancia para vivir vidas santas. Después de un tiempo, me dijo: !Serafín, hoy invité a Jesucristo entrar en mi vida!
Amados, Jesús no nos garantiza que no hemos de sufrir en la vida. Lo único que Dios nos asegura es su compañía en cada una de las pruebas que enfrentemos. Busquemos hoy de Dios y confiémosle nuestro ser sabiendo que él guardará nuestros corazones y pensamientos en Cristo Jesús, Señor nuestro.
No importa en donde estés, CRISTO jamás se olvidará de ti.
Por Serafín Alarcón
CRISTO será tu refugio y también tú Consolador.
CRISTO será tu refugio y también tú Consolador.
Este día fue uno de esos en donde las experiencias vividas sin duda alguna marcaron mi conciencia y espíritu. Mucha gente que con el pasar de los años ya me conoce y cuando llego a sus casas me reciben con un manjar de sonrisas y comentarios dulces. Usted me entiende, esa clase de gente que sin mucho disimulo muestran su amor y aprecio. En verdad, vivir esas experiencias me alienta a seguir mis caminatas por esta bendita isla. Pero, no siempre las noticias son alegres, en ocasiones nos rompen el corazón.
Les cuento que hace aproximadamente dos años estaba caminando una comunidad del pueblo de Santa Isabel . Allí conocí una joven mujer que me decía que su hermana menor había sido baleada por su esposo y que estaba en condición critica. Recuerdo que con ojos llorosos y desconsolada compartía conmigo el temor de que sus sobrinos (hijos de su hermana) fueran removidos del hogar por el departamento de la familia. Ya han pasado dos años desde la ultima vez que hablamos y me dio la mala noticia de que su hermana había quedado parapléjica y sus hijitos estaban en un hogar sustituto. Nadie en la familia tenía acceso a los niños y para colmo el Estado se opone a que los niños visiten a su madre para verle. Le pregunté por el padre de los niños y me comentó que había sido acecinado seis meses después de haber baleado a su hermana.
En fin, una historia de esas que parecen sacadas de las páginas de una tragedia griega. Traté de dar alguna palabra de aliento a esta pobre mujer entregándole una tablita que decía: Salmo 43:5 ¿Por qué te abates, oh alma mía, Y por qué te turbas dentro de mí? Espera en Dios; porque aún he de alabarle, Salvación mía y Dios mío.
Entonces, y espontáneamente se arrojó a llorar en mis brazos. Les digo que me impresiono tanto su dolor que casi también lloro. En ese instante solo pude decirle que llorase, que CRISTO desde hoy sería su refugio y Consolador.
Mateo 5:4
Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación.
Por Serafín Alarcón
Diario de un Caminante
Santa Isabel, Puerto Rico – 9/14/2010
My Cooliris Wall
Una de las visitas más difíciles que he hecho fue a la prisión de jóvenes que se encuentra cerca de mi comunidad. No sabía como les hablaría y como ellos responderían a mi mensaje. Más, pude ver allí tantos jóvenes huérfanos y sedientos de una amistad sincera que no tuve mucha oportunidad para dar espacio a inseguridades. Ellos solo necesitaban alguien que les apoyara en un momento tan difícil, como lo es estar preso. Recuerdo que antes de ir a la prisión le oré al Señor que me diera fortaleza, que me diera la sabiduría para hablarles en su nombre. Que tuviera sobre todo la sensibilidad para comprender las razones del porqué habían llegado a parar a tan frío lugar. Le pedí que no me dejara abandonar aquel sitio sin que dejase la marca de Cristo en sus corazones, que supieran que alguien sí se preocupaba por ellos. Y, ¿Quién mejor que Jesucristo?
Recuerdo que cuando llegué a la cárcel, le di al guardia mis credenciales y me dispuse a ministrarles con toda la fe y toda la entrega que él mismo Dios me diera… Hablé con ellos en un salón dispuesto para conferencias y entonces ví en sus rostros aquella necesidad imperiosa por ser amados. Algunos se emocionaron y hasta dieron gracias por qué alguien se ocupaba de ellos. Me sorprendí de lo bien que fue la visita. Fue como si Dios hubiera contestado mi oración, como si él me hubiera dirigido aquella noche de principio a fin. Estoy seguro que Dios contesta nuestras oraciones, se que también Dios nos guiará a realizar todo lo que estamos llamados a hacer aunque muchas veces sintamos miedo e inseguridad.
Mateo 25.37
Entonces los justos le responderán diciendo: ‘Señor… ¿cuándo te vimos enfermo o en la cárcel, y fuimos a verte?’. Respondiendo el Rey, les dirá: ‘De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis.
Por Serafin Alarcón
Primera Iglesia Virtual
http://tablitas.9f.com
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tablitas para evangelizar
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Manso y humilde*
Mateo 11:29
Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas…
En una ocasión tuve una diferencia con un hermano de la iglesia. Estaba herido y enojado con él pues su actitud había sido beligerante y sobre todo inmadura. El me acusó falsamente y hasta me increpo frente a un grupo de jóvenes a los que les impartía la escuela bíblica dominical. Un par de días después que este hermano me acusó falsamente, me topé con un pasaje en Marcos 11:25 que decía: «Y cuando estéis orando, perdonad, si tenéis algo contra alguien, para que también vuestro Padre que está en los cielos os perdone a vosotros vuestras ofensas».
Ese versículo me impactó, fue como si Dios estuviese exhortándome a que perdonara la ofensa sufrida. ¿Cómo podía orar por otros y por mis propias necesidades, cuando todavía estaba enojado y herido? A pesar de lo difícil que fue para mí hacerlo, entendí que tenía que perdonar, que tenía que imitar a mi Señor en todo. Que no hay mejor medicina para una afrenta que el ser manso y humilde de corazón.
Por Serafín Alarcón






